Tuesday, April 03, 2007


“Don't need a whore
I don't need no booze..
But I'm not waiting on a lady
I'm just waiting on a friend”
The Rolling Stones
Hace unas semanas comía con “A,” mi amigo y compañero de trabajo así en ese orden. Estábamos sentados en Burger King disfrutando de la conversación y del famoso sandwich “Angus,” cuando de pronto entró una chica de nuestra edad y se sentó en la mesa al lado de la nuestra. Era de una belleza espectacular, casi se podría decir de una belleza estilo Hollywood. Del otro lado, teníamos en cambio a una pareja de viejitos nada bellos pero sí bastante divertidos.

“A” estaba a unos diez centímetros de distancia de la chica, y no sólo la belleza, sino también el olor que emanaba de su cuerpo bien esculpido, hizo que “A” cambiara totalmente. Cortó en seco nuestro tema filosófico del día y dijo:

-Tiene un perfil hermoso. Gunter, tú que la ves de frente, dime si es bonita.
Realmente “A” estaba en un ángulo en que sólo la podía disfrutar de perfil.

Yo respondí que efectivamente la chica era lindísima. No tenía por qué negarlo, linda por todos los ángulos que se la mirase, claro que no dije todo esto, sólo moví la cabeza afirmativamente.

“A” se había transformado en un torero, pero un torero sin capa con pura banderilla, o mejor dicho, Sable Samurai. Al cabo de unos minutos yo le había contado treinta vueltas descaradas de cabeza para ver a la pobre muchacha, que ya había empezado a ponerse roja y me hacía señas de auxilio.

-“A,” tu sandwich se enfría – dije. Pero a “A” no le importaba que fuera un “Angus” o la mejor carne argentina a la parrilla.

La pareja de viejitos no paraban de reír y en su inglés Shakespeare, comentaban lo descarados que son los españoles. Lamentablemente, hablaban en plural y yo ahí nada que ver con el asunto y con tremendo anillo de casado en el dedo. En lo que sí no se equivocaron fue en la nacionalidad de “A” - un español de pura cepa, ni una pizca de sangre mora ni vasca ni catalana, simplemente un tipo genial como Cervantes, aunque me corrijo: quizás más como Don Alonso Quijada de la Mancha.

Cuando la chica partió entre media coqueta y media sonrosada, “A” dijo

-¿por qué no le hable?- Probablemente hablaba para él mismo, y es que “A” necesita no un amigo como yo, quizás uno como “machito ponce” que seguramente hubiese servido en estos casos, un conocedor de boleros, de la vida y del amor.

El mejor arte de seducir se encuentra en los boleros estoy seguro pero, aclaro, en los boleros pecaminosos y prostibularios, en la tradición de Alvaro Carrillo, Agustín Lara y Luís Alcaraz por supuesto, pero yo sólo logré escuchar Gianmarco de muchacho y eso me descalifica.

Lo único que le dije a “A” era que no la endiosara tanto, que se lo tomara con un poquito más de calma, quizás debí decirle también que “cuando uno es joven se idolatra a las mujeres y eso lo complica todo, siempre. Idolatrar a una mujer es como dejarla atada a un poste e irse a ver el mundo con sus prendas íntimas en la mochila”

Hace unos días “A” dejó el trabajo y dejó Londres para regresar a España. En su reemplazo entro un italiano que no deja sus estudios de inglés por venirse a tomar un vodka en el bar cerca a Broadgate, por que simplemente no toma alcohol. Peor aún, le quise invitar un “Angus” en Burger King el otro día y el tipo me salió con que es vegetariano y tiene que mantener las abdominales para el verano que llega.

Y es que tengo que contarte, mi estimado “A,” que he empezado a extrañarte, pero no cuando te encuentras con una chica guapa y te quedas mudo, preferiría cuando debates, cuando no te rindes, cuando propones ideas, cuando recitas tus poesías o frases sacadas de libros de literatura, cuando hablas con pasión de los cuentos de Benedetti, cuando dices “bacan” en lugar de “majo” o “chulo”,cuando escuchas The Smiths con la mirada perdida, cuando disparas tu cámara buscando la foto perfecta.

Es que, como decía Francis Bacon - no el pintor - estoy hablando del pensador:
“Un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta”

En estos momentos Londres aclara y yo me quedo con el recuerdo en la estación de tren cuando me preguntaste si el amor era una cosa especial y yo te dije que sí, como única respuesta , un simple sí, mientras veía en tus ojos ese amor absolutamente melancólico por la muchacha del Burger King.

Sunday, March 25, 2007











Economic Models explained with cows:
SOCIALISM: You have 2 cows, and you give one to your neighbor
COMMUNISM: You have 2 cows. The State takes both and gives you some milk.
FASCISM: You have 2 cows. The State takes both and sells you some milk.
NAZISM: You have 2 cows. The State takes both and shoots you.
BUREAUCRATISE: You have 2 cows. The State takes both, shoots one, milks the other, then throws the milk away...
TRADITIONAL CAPITALISM: You have two cows. You sell one and buy a bull.Your herd multiplies, and the economy grows. You sell them and retire onthe income.
SURREALISM: You have two giraffes. The government requires you to takeharmonica lessons.
AN AMERICAN CORPORATION: You have two cows. You sell one, and force theother toproduce the milk of four cows. Later, you hire a consultant to analyse why the cow has dropped dead.
ENRON VENTURE CAPITALISM: You have two cows. You sell three of them toyour publicly listed company, using letters of credit opened by yourbrother-in-law at the bank,then execute a debt/equity swap with an associatedgeneral offer so that you get all four cows back, with a tax exemptionfor fivecows. The milk rights of the six cows is transferred via an intermediaryto a Cayman Island Companysecretly owned by the majority shareholder who sells the rights to all seven cows back to your listedcompany. The annual report says the company owns eight cows, with anoption on one more.Sell one cow to buy a new President of the United States, leaving youwith nine cows. No balance sheet provided with the release. The public buys your bull.
THE ANDERSEN MODEL: You have two cows. You shred them.
A FRENCH CORPORATION: You have two cows. You go on strike, organise ariot, and block the roads, because you want three cows.
A JAPANESE CORPORATION: You have two cows. You redesign them so they areone-tenth the size of an ordinary cow and produce twenty times the milk.You then create a clever cow cartoon image called 'cowkimon' and market it worldwide.
A GERMAN CORPORATION: You have two cows. You re-engineer them so theylive for 100 years, eat once a month, and milk themselves.
AN ITALIAN CORPORATION: You have two cows, but you don't know where they are. You decide to have lunch.
A RUSSIAN CORPORATION: You have two cows. You count them and learn youhave five cows. You count them again and learn you have 42 cows. Youcount themagain and learn you have 2 cows. You stop counting cows and open another bottle of vodka.
A SWISS CORPORATION: You have 5000 cows. None of them belong to you.You charge the owners for storing them.
A CHINESE CORPORATION: You have two cows. You have 300 people milkingthem. You claim that you have full employment, and high bovine productivity, and arrest the newsman who reported otherwise.
AN INDIAN CORPORATION: You have two cows. You worship them.
A BRITISH CORPORATION: You have two cows. Both are mad.
IRAQI CORPORATION: Everyone thinks you have lots of cows. You tell them that you have none. No-one believes you, so they bomb the **** out ofyou andinvade your country. You still have no cows, but at least now you arepart of a Democracy.
AUSTRALIAN CORPORATION: You have two cows. Business seems pretty good. You close the office and go for a few beers to celebrate.
WELSH CORPORATION: You have two cows. The one on the left looks veryattractive





















Monday, March 05, 2007

Querido Julio Ramón Ribeyro

Paseando por Londres encontré en el escaparate de una librería un par de libros del incomparable Julio Ramón Ribeyro. Escritor peruano sumamente olvidado y sin embargo notable cuentista hispanoamericano.Los personajes en sus historias —frecuentemente autobiográfico y usualmente escritas en un lenguaje simple pero irónico— pertenecen principalmente a las clases medias y bajas y suelen terminar con un destino cruel y triste. Pero, a pesar de su pesimismo evidente, el trabajo de Ribeyro es usualmente cómico, pues el humor brota de la ironía de los incidentes que les suceden a sus protagonistas.
Aquí una entrevista que le hace el sr. Jorge Coaguila en 1991, que espero la disfruten.
—Sobre Dichos de Luder no hay declaraciones suyas. Además que es una obra muy poco difundida, ¿verdad?

Bueno, puedo decirle por qué. Es que la mitad de la edición fue enviada a París como pago por los derechos de autor. Está allá todavía, la tengo guardada en un ropero. (Sonríe).—500 ejemplares, ¿no?—Sí, más o menos. No sé si fueron 500 o mil los ejemplares que se editaron. Sólo sé que me enviaron la mitad de los libros publicados.

—¿Cree usted que este libro es una evolución de Prosas apátridas o una disgregación de este libro?

—No, no tiene nada que ver con Prosas apátridas.—Pero ambos tienen el tono pesimista, filosófico.—Sí, puede ser. Pero, obviamente, que en Prosas apátridas los textos son un poco más desarrollados, un poco más largos y, además, son mis propias reflexiones, directamente mías. Los textos de Dichos de Luder, en cambio, son réplicas, respuestas, afirmaciones, «dichos» por eso. Lo que pasa es que no he encontrado la fórmula que corresponde a lo que en francés se llama «propos» a esto o «les propos». Hay una cantidad de libros de este tipo en Europa. Por ejemplo: Les propos de Valery, Les propos de Sartre, que son cosas muy breves que sus autores han dicho.
—¿Aforismos?
—No sólo aforismos. Pueden ser también chistes, observaciones originales, ocurrencias o paradojas. En el caso de Dichos de Luder hay cosas que yo he dicho y cosas que yo he escuchado a otros escritores, como Julio Cortázar o Pablo Neruda.

—Por otro lado, con el relato «Silvio en El Rosedal» ¿no cree usted que inicia otra etapa narrativa? Es decir, una etapa más reflexiva, más personal tal vez en donde deja usted los temas candentes de la primera época.
—Bueno, en el fondo los temas son de menos actualidad, es cierto, y más personales, más íntimos; no son como de los primeros cuentos. Digamos que en los primeros relatos, en su mayoría, si exceptuamos todos los primeros escritos en primera persona, son cuentos de temas en que hablo de otros personajes, de mí mismo no hablo...—Esta misma tonalidad...—Usted dirá que «Silvio en El Rosedal» está escrito en tercera persona pero Silvio es, más o menos, una representación, un delegado mío, yo soy una especie de Silvio en el fondo.
—¿Esto mismo va a continuar en La palabra del mudo, tomo cuatro?
—No, el tomo cuatro va a tener, va a constar de varias partes. (Breve silencio). Hay una serie de relatos como «Ausente por tiempo indefinido» en los cuales el personaje es un escritor. Y también hay una serie de relatos sobre el barrio miraflorino de Santa Cruz, un barrio en el que he vivido en mi infancia y juventud. Estos últimos cuentos son de varias vertientes, de varios estilos y hasta de varias épocas. Ya resulta un poco abusivo el título general de mis cuentos, La palabra del mudo, porque ya son otras cosas. Pero como para mantener este título en buena cuenta está bien. Porque originalmente —como lo digo en el prólogo del primer tomo— La palabra del mudo es la palabra de la gente que no tiene la posibilidad de expresarse. Mientras que ahora es mi voz, es la mía, se ha convertido en eso. La palabra del mudo, cuarto tomo, soy yo. El mudo que estaba callado y que, de pronto, habla y aparece con nuevos campos.
—Actualmente, ¿se está dedicando a escribir o a corregir?
—Paralelamente estoy escribiendo y corrigiendo. En especial sobre los años cuarenta en el barrio de Santa Cruz, sobre el Miraflores de esa década
.—Con respecto a tener temas más íntimos los críticos dicen que esto corresponde a la crisis del escritor, que ya no tiene otras perspectivas, que ya no tiene otras posibilidades de hablar.
—Es posible, yo no lo pongo en duda. Pero yo he creído siempre que el escritor verdaderamente genial es el que escribe no importa qué, olvidándose de sus propias experiencias, de su propia vida. Qué le puedo decir: sobre las cruzadas, sobre Platón, de algo que pasó en Afganistán o en Japón. Ese es el escritor verdaderamente épico, que inventa, que saca todo de la nada. Mientras que el tipo que está sacando cosas del interior, de su propia vida, de su propia experiencia, es un escritor lírico, menor, ¿no?, de menor peso, de menor envergadura, pero al
al mismo tiempo —como todo tiene su contraparte, como todo argumento tiene su contrargumento— hay grandes escritores que han tratado íntegramente sobre su propia vida, que es el caso de Proust. Proust no ha hecho sino escribir sobre él mismo, desde la primera hasta la última línea.
—¿A qué libros se refería cuando decía haberse arrepentido de haberlos leído en su juventud? ¿A los bodoques de La comedia humana?
—No, a los de La comedia humana no, nunca. Me he arrepentido de haber leído a...
—¿A Thomas Mann?
—No, a Thomas Mann no. Creo que hablaba de Goethe, de las novelas de aprendizaje, que son realmente aburridísimas.
—Refiriéndonos a su escepticismo: ¿Cuándo se inició esto en usted? ¿Cuándo tomó conciencia de ello?
—La verdad, yo creo que a fuerza de preguntársemelo y decírsemelo yo he terminado por creerlo. (Risas). Bueno, escéptica es la persona que duda y que considera que es muy difícil llegar al conocimiento de la verdad. Si lo consideramos así, tal vez, yo sea un escéptico. Aunque hay personas mucho más rigurosas que, digamos, no creen en nada, en ese sentido no soy así, porque yo creo en algunas cosas.—Pero duda siempre?.—Sí, sí. La duda siempre...
—¿Como don?
—No, como método. Un poco a la manera de Descartes.
—Muy racionalista, ¿no es cierto?
Sí.—
¿Y quién es Ribeyro para usted?
—¿Ribeyro? Vaya qué difícil, qué pregunta. Esta es una buena pregunta, para esto tendría yo que acabar un libro, precisamente mi autobiografía que la vengo escribiendo desde hace algún tiempo. Tal vez sepa la respuesta al final, cuando termine el libro.
—¿No le parece que su silencio lo hace famoso?—
No, pero ha contribuido a ello.
—¿No crea usted un aura mítica?
—Es posible. Por eso es que no me conviene, si quiero mantener esa aura mítica, conceder entrevistas demasiado largas.
En esos momentos llega la fotógrafa, seguida de dos compañeras del diario.
Julio Ramón dice: «Adelante, pasen» y luego me pregunta: «¿Quiénes son?».
Le explico que una de ellas es fotógrafa y las otras dos, admiradoras suyas. Julio Ramón se inquieta, sonríe y dice:
«Lamentablemente yo tengo que hacer dentro de un ratito». Lily Saldaña, la fotógrafa, me pide que abra las cortinas para algunas tomas de contraluz y, mientras voy tirando del cordón, le digo a Julio Ramón: «¿En qué estábamos?». Mientras Lily sigue disparando, Julio Ramón dice: «Ah, estaba diciéndole que estoy, que me están privando de mi marginalidad y que están maltratando mi aura de hombre solitario, de hombre que no concede entrevistas. Puede ser, ah. Es la última vez...».
—¿Es la única entrevista que ha concedido en estas semanas?
La única en todo el año —siento que la entrevista está a punto de quebrarse.
—¿No se siente un poco privado —le pregunta mi amigo Luis Bullón, que hasta el momento no había intervenido— de cosas que quiere hacer, como portarse como un mortal corriente?

—Yo me comporto como un mortal corriente cuando estoy de incógnito —responde Julio Ramón sonriendo.

—¿En París?
vuelve a intervenir Luis Bullón— se siente más cómodo?
Ah, en París, claro, nadie me conoce —replica Julio Ramón.
—Pese a que Alfredo Bryce —le digo— se fue de París a Barcelona porque lo molestaban mucho.

Sí —dice Julio Ramón—, pero igualmente lo van a molestar allá en Barcelona. Incluso ya dejó Barcelona, ahora está en Madrid.
—La emigración a París — ¿no le parece que es un signo del fracaso cultural de América Latina?

—No, no creo —dice Julio Ramón, mientras gasta unas bromas con la fotógrafa—.
Hay muchos escritores y quizá los mejores escritores peruanos nunca han salido de Lima o del país, en todo caso, han viajado poco a Europa. Puedo citar el caso de Martín Adán, quien es, después de Vallejo, el más grande poeta peruano, creo que viajó sólo una vez a Arequipa y Cusco, además ya de viejo. Pero casi no se movió de Barranco o del Larco Herrera. El caso de José María Arguedas es otro. Arguedas es un escritor que ha hecho su obra en el Perú, a pesar de haber vivido en España algunos meses gracias a una beca y a pesar de haber realizado conferencias en Francia, Alemania y otros países. Aunque tuvo influencias bien marcadas del ambiente cultural de otros países, Arguedas ha hecho toda su obra en el Perú.

—De otro lado, ¿le molestaría a usted que lo consideraran filósofo?—"No" —dice Julio Ramón.—¿Se cree filósofo?

—Yo creo que sí. Si me define usted al filósofo como a un hombre que busca la razón de las cosas y, lógicamente, como amante de la Sabiduría, yo creo que sí, sí me gustaría...
—¿Un Platón peruano?

Un Platón sería un orgullo, una gloria para mí.

—En narrativa peruana, haciendo comparaciones, tal vez usted es un Hemingway y Vargas Llosa un Faulkner.

—¿Un Hemingway?—Por lo claro y sencillo.—¿Es un juicio de valores?—No. Lo que quiero decir es que usted es el polo opuesto, digámoslo así, de Vargas Llosa en la técnica narrativa, como lo fue Hemingway de Faulkner.

—No crea usted. En Hemingway hay una técnica, una gran técnica que no se nota mucho, que no se percibe demasiado. Pero yo no conozco mucho a Hemingway, no lo conozco muy bien. He leído cuentos de él, algunas de sus novelas, no todas, pero quien lo conoce bien es Alfredo Bryce, que es un fanático de Hemingway. Alfredo dice que hay una técnica en la obra de Hemingway de la cual ha aprendido muchísimo. (Breve silencio). Hemingway es un poco un narrador que describe comportamientos, ya que sus personajes están siempre en acción. Hemingway no se pone a explicar lo que piensa un personaje, nunca, sino los hace actuar. Hemingway tiene cuentos geniales, como es el caso de «Los asesinos». Por ejemplo ahí hay gente que está hablando, haciendo cosas y no pensando. El lector se entera de los personajes por medio de sus actos y no por descripciones. Yo no sé si en Alfredo Bryce se nota esto. Tendría que releer los libros de Alfredo Bryce para ver si hay una presencia de Hemingway, si relata estados del alma o simplemente acciones.

—¿El cambiar de temas no cree que le cause menor aceptación dentro de los lectores porque ya no trata generalmente de sus problemas?

No, no, no. A mí muchas veces me han dicho, amigos y críticos, que por qué no sigo escribiendo cuentos como la primera época, que es lo que le gusta al lector. A mí no me importa, qué voy a hacer yo, yo no voy a escribir para darle gusto al lector.
—¿Y los críticos le interesan?

Me interesan poco. ¿Cómo le puedo decir? Leo libros de crítica, pero sobre los autores que me interesan. He leído una cantidad considerable de libros sobre las obras de Flaubert, Stendhal o Kafka, esos libros sí me interesan un poco, pero que escriban sobre mí, no.

—¿Qué diferencia encuentra entre los críticos peruanos y los franceses o europeos?

Yo creo que los críticos peruanos siguen con cierto retraso las tendencias de la crítica europea o extranjera. Lo que está de moda, quiero decir. No citaré nombres, pero hay quienes siguen todavía con el método de Roland Barthes, Georg Luckács, Lucien Goldmann...
—¿De Sartre?

De Sartre también.

—¿Sartre influenció mucho en usted?
No.

—¿No? ¿Ni en lo social?
No.

—¿Ni en lo comprometido?
No.
—¿Anatole France? —intervino mi amigo Luis Bullón.

—Anatole France probablemente más que Sartre. Anatole France es un escritor que nadie lee ahora, está muy olvidado. Pero curiosamente, hay una especie de renacimiento de Anatole France ahora en Francia. Quiero decir que están reeditándose sus libros en colecciones de bolsillo, porque en una época ya no se editaban más. Había que buscarlos en las librerías viejas. Ahora, como repito, ya están saliendo hasta en libros de bolsillo. La gente lo lee con interés porque es un gran escritor, un gran prosista, un hombre como Sartre —si quiere usted—del siglo XIX: muy comprometido con lo social, en su caso con el caso Dreyfus.

—Como lo fue Proust.

—Pero Proust estuvo defendiendo a Dreyfus porque era judío como él, es decir, por razón de consanguinidad.(Lily Saldaña sigue disparando y Julio Ramón se pone de pie para algunas tomas).

—Una de las causas del éxito —dice mi amigo Luis Bullón— que tienen sus cuentos se debe a que usted es muy asequible a todo tipo de público, no sólo a uno elitista sino a un público no muy iniciado en literatura. Cualquier lector entiende muy bien y se divierte muy bien con sus cuentos.

—Ah, ya, eso sí. Asequibles son mis cuentos, no yo. No, la verdad, yo también lo soy.

—Tiene un sentido del humor —vuelve a intervenir Bullón—, de la ironía, del absurdo muy especial. Creo que es un don, no se puede aprender eso. Parece que usted tiene eso.

—Sí, en todo caso —dice Julio Ramón—hay un aspecto de mis cuentos, de mis libros, que es muy poco percibido por los críticos y justamente es el humor. Toda la gente me considera un escritor muy sombrío, muy escéptico, muy trágico, es decir, pesimista, cuando hay, yo creo, cosas muy divertidas. Yo me divierto mucho cuando escribo.

(Todos sabíamos que eran los últimos instantes, de manera que le pedimos una última molestia: que, por favor, nos dedicara, a Luis Bullón y a mí, Prosas apátridas; cada uno de los dos había traído un ejemplar. Julio Ramón cogió un bolígrafo y:)—Debe parecerle —comentó Luis Bullón— muy superfluo este tipo de ceremonias.

¿De repente usted lo hizo de joven?

Ah, sí, sí. Yo tengo dedicatorias importantísimas.
—¿Cómo cuáles?

Tengo libros dedicados por John Steinbeck, Samuel Beckett, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar.

—¿Y de los peruanos?
—De los peruanos, todos.

—¿Fue una broma eso de que el libro autografiado por Ciro Alegría lo cambió por cigarrillos?

—Ah, sí, eso lo cuento en «Sólo para fumadores». Fue una exageración mía. (Sonríe).
—Estaba muy gracioso —dije—. Le tuvo que aumentar el teatro de Antón Chéjov. (Julio Ramón está dedicándonos sus libros).

¿Últimamente tiene interés personal por algún escritor? —agregó Bullón
—. Milan Kundera, de repente, ¿ha leído algo de él?—.—¿Qué le parece? —dijo Bullón.
—Es bueno, eh. Aunque un poquito manierista.

—Sobre la muerte de Graham Greene, ¿qué puede usted decir?
—Nada. (Pausa).
La otra vez me preguntó por teléfono, hasta París, un grupo de periodistas: «Oiga, ¿qué opina usted sobre el Premio Nobel concedido a Octavio Paz?». (Gestos con las manos). No pienso nada, dije. (Risas). ¿Para qué? ¿Que quieren que diga? «Ah, qué suerte, es un alto honor para América Latina». Tonterías.

—¿Guarda aunque sea —dijo Bullón— una pequeña esperanza de que a usted lo reconozcan con ese premio?

—No, está muy difícil.

—¿Alguna vez —volvió a preguntar Bullón— lo pensó como posibilidad, aunque sea muy remota?

—No, con recibir el Premio Nacional de Literatura es suficiente.

—¿Y el Asturias? ¿Y el Cervantes? —le dije.
—No, no creo.
(Breve silencio). Bueno, muchachos, creo que eso es todo.

Julio Ramón Ribeyro había hecho hablar al mudo. Era el momento de despedirnos. Le agradecimos sus atenciones. Sentí una fuerte emoción, inolvidable, cuando estreché su mano y cuando lo vimos cerrando amable, cortésmente la puerta de su departamento. más tarde, cuando viajábamos en el automóvil del diario, con el corazón grande y alegre, abrí las Prosas apátridas y leí: «A Jorge , que me atormentó durante horas con preguntas para una publicación en El Peruano, muy cordialmente, Julio Ramón».

Saturday, February 17, 2007

La belleza en los tiempos modernos

Los hombres han sido bombardeados con imágenes de perfecto físico, causando la misma presión que las mujeres han venido soportando durante años.

Repentinamente están en todos lados: en publicidades, marquesinas, revistas, en la tv. Sí, estoy hablando de los cuerpos desnudos ó semidesnudos masculinos. En Inglaterra las cifras son de 50,000 publicidades masculinas al año, tratando de venderte cremas para la piel o cualquier otro producto de belleza.

En las últimas dos décadas la civilización ha chocado en reversa. No sólo la mujer moderna expresa su opinión acerca del cuerpo absolutamente intolerable de su novio, sino que también los hombres se encuentran así mismos confrontados con las figuras de otros hombres que se encuentran en blanco y negro ó a color en cualquier cartelera de las afamadas marcas de modas que pululan en la ciudad.

¿No se supone que a los hombres les importa un “nabo” acerca de cómo lucen? Pues la respuesta al parecer es un rotundo no. Ahora el hombre americano gasta 5 billones de dólares al año en productos para su buena presencia y belleza. No crean que los hombres europeos no son tan vanidosos. Después de todo, esto es una crisis global masculina. La situación es universal: hombres levantando “fierros” en el gym, problemas de anorexia ó bulimia, incremento de uso de esteroides, crema contra las arrugas en sus tocadores, champú de ortiga contra la caída del cabello, depilaciones láser en el pecho, espalda, pierna o donde sea necesario, cita con solariums, etc. Me pregunto: ¿es esto lo que ellas quieren?

Los antiguos Griegos idolatraban el desnudo masculino, he hicieron de ello el pilar básico de su arte. Para ellos la belleza era la expresión de su filosofía, la creencia en la armonía y proporción, en este caso la relación entre la cabeza, el torso y las extremidades. Leonardo da Vinci revivió esa noción con su celebrado dibujo “The Vitruvian Man,” señalando la perfecta geometría del cuerpo humano masculino.

Entonces, ¿cuándo cambió todo? ¿Cuándo los clásicos griegos volvieron a entrar en escena? Todo se remonta a 1987 en el recordado anuncio de Levi’s jeans, donde el modelo Nick Kamen muestra su cuerpo esculpido en el gym o el quirófano – da lo mismo - en un diminuto boxer de lycra.

Después, rápidos de imitar, fueron CK, Armani y Gucci, todos ellos mostrando la belleza clásica rescatada o rebuscada de museos griegos y romanos. Poniendo ante nuestros ojos chicos guapos, delgados, marcados y con pieles que gritan: “acabo de llegar de Bahamas.”

Esta guerra de publicidad ha traído sus muertos, gente con trastornos alimenticios, obsesivos-compulsivos, excesiva preocupación por una imagen idealizada, gente que se involucra en feroces dietas capaces de matar a Atlas, y por añadidura carreras, matrimonios y vidas destruidas por la obsesión de la belleza.
Pero hay un caso nuevo, ahora estudiado por psicólogos de todo el mundo: The Adonis Complex en que el chico no besa a su pareja por que teme consumir calorías por medio de la saliva de ella.

Hace unos días, dos amigos muy queridos discutieron por saber si uno de ellos era bello, al parecer incluso las personas muy inteligentes caen en el juego de la propaganda de la belleza. Quizás la respuesta está en volver a los griegos. Después de todo, fueron ellos quienes comenzaron todo este fetichismo al cuerpo desnudo y la belleza.

Sunday, January 14, 2007


Islas Canarias y el Paraíso

La Navidad la pasé sumando un amigo peruano a la cena, que, como buen peruano, cayó a Londres con paracaídas y con todo su humor. Pero para el año nuevo tenía planeado las vacaciones y esta vez serían las Islas Canarias.

Thomas Cook es la aerolínea que se encarga de llevarnos hasta Arrecife, la capital de Lanzarote. Desde el aire pude ver que la mayoría de las casas en la isla tenían piscina y eso me complació.

La isla se veía más pequeña desde el aire de lo que realmente era, mientras la aeromoza que lucía un bronceado envidiable nos da la bienvenida a la isla volcánica que forma parte del archipiélago atlántico situado en el noroeste de Africa.

Ya en tierra firme me alegra poder volver hablar castellano, la experiencia es surrealista ya que hace dos años que no he estado en un país hispanohablante. En el aeropuerto nos espera M, nos saludamos y luego nos contacta con Luís, encargado de una compañía de alquiler de carros. Hacemos los documentos, pagamos y nos entrega las llaves diciendo: - Aquí tenéis las llaves del “coche.” Y el “coche” es un modelo Fox marca Volkswagen. En Londres ese mismo modelo se llama Polo y en Perú al coche se le llama “carro.” Nos han alquilado uno color amarillo patito graciosísimo y brillante como para ser detectado por cualquiera de los satélite que polulan en el espacio.

Mientras mi esposa maneja por la vía rápida siguiendo el carro de M, me pregunta ¿dónde esta el freno? Le digo la respuesta por que sé que no es una broma, en UK se maneja con el timón a la derecha. A lado de los demás carros con colores normales el nuestro es el más exhibicionista de todos así que decido ponerme los lentes de sol para pasar desapercibido.

Mientras recorremos el autopista me siento como si estuviera en Lima viajando a las playas del sur, pero claro acá hay más orden en la carretera y menos congestión.
Llegamos a Máguez, el pueblo donde nos quedaremos la semana. La villa de los adorables M y J, una pareja de ingleses que han decidido retirarse a la vida calmada de la isla, es hermosa y bien cuidada llena de balcones y buganvillas en el jardín y el techo.
Me imagino que tenían planeado la jubilación a escoger entre un castillo a las afueras de Londres o una villa en Canarias y yo concuerdo con la decisión de quedarse con la villa.

Todas las casas de la isla están pintadas de blanco y las puertas de madera pueden ser marrones, verdes o azules y ésta no es la excepción: en el caso de las puertas y ventas decidieron por el marrón. Nuestro cuarto es de color amarillo y empiezo a pensar si el amarillo nos persigue, pero tiene una ventana azulísima que da a una terraza y desde ella se puede ver las montañas, además M y J han tenido la gentileza de dejarnos en nuestra cocina una botella de Márquez de Cáceres, uvas, chorizo y queso de bienvenida.

Es relajante poder estar en un lugar tan tranquilo después de la agitada vida londinense y empiezo a sentirme más a mis anchas, es además muy natural que me identifique con la cultura española ya que ellos nos conquistaron y nos dejaron además del idioma, ciertos olores y sabores que reconocí de inmediato como familiares.
Fue nostálgico poder ir a comprar la comida a una pequeña bodega a la vuelta de la casa y no al supermarket por ejemplo, donde una mujer mayor de nombre “Paquita” nos atendía amabilísima y lindísima sin haber tenido que asistir a ningún curso de servicio al cliente. Quien conjuntamente con su hijo un muchacho cojonudo de 27 años con bastante forma de barril al que yo llamé “Paquito” habían vivido en Máguez desde que tenían uso de razón y no habían sentido la necesidad de visitar otros pueblos desde hacía diez años.

En un pequeño armario hay una selección de dvds, de la cual la mayor parte de películas ya las habíamos visto y las otras no era necesario verlas. La televisión española es desastrosa como la peruana y en este asunto no puedo saber quien la heredo de quien. Está llena de sensacionalismo, chisme y cantidad de reality shows al estilo “Laura Bozo.” Me pego a un canal donde pasan un film en el que actúa Al Pacino, pero lo oigo decir:
-¿y me vais a odiar capullo?- y pienso que no puedo resistir más y me hago la promesa de sólo ver los noticieros para estar informado y apago la tv.

Lo primero que pido de comer es algo que en la carta dice “mariscos a la romana” y termina siendo una buena imitación de un sudado de mariscos. Junto a mi esposa, frente al mar y a lado de una botella de tinto, sinceramente sólo falta alguna canción huachafa de “Los No Sé Quien…” de fondo para que la escena sea perfecta. Desde el primer día hasta el último me prometo intoxicarme con platos de mariscos y helados tipo sándwich de vainilla muy parecidos a los D’Onofrio, lo cual puedo decir que cumplí con cabalidad, tal es así, que en cada pueblo reconocían el carrito color patito y venían corriendo a ofrecerme la dosis de helado de vainilla que necesitaba.

Me sorprendió conocer la obra del artista Cesar Manrique, del cual sólo conocía su nombre citado varias veces por mi amigo español Alberto. Manrique hizo una importante actividad como creador de espacios perfectamente integrados en el entorno natural de la isla. Fue un tipo multifacético. Trabajo en arquitectura, escultura y pintura, hizo su fortuna en Nueva York y regresó a sus raíces, a su isla amada. Tuvimos la suerte de ver casi todas las atracciones turistas como Jameos del Aguas, mirador del río, jardín de cactus, el parque nacional Timanfaya, las montañas de fuego, y todo lo que la isla ofrece. Pero lo más importante es disfrutar de sus playas. Costa Teguise fue el primer descubrimiento, una playa hecha para turistas donde todos los veraneantes hablaban inglés o alemán y casi todos eran más o menos de color rojo, sin embargo recién llegados del frío londinense, nos unimos a los veraneantes para formar la bandera bicolor del Perú, con bastante vergüenza como piel blanca.

Al día siguiente nos recomiendan la playa “Papagayo” al sur de la isla. Viajamos casi una hora con la promesa de que ahí encontraremos menos turistas y nos mezclaremos con los nativos, cosa que no sucede puesto que los “rojos” alemanes o ingleses sinceramente han invadido la isla. Papagayo es uno de esos lugares que sólo se ven en postales, así que tardo unos minutos en reaccionar y apreciar su belleza, a la pequeña bahía color turquesa casi no llegan olas y decido entrar a nadar. El cielo es completamente azul, sin ninguna nube extraviada, la arena completamente blanca y el mar a 22 grados, sólo puede decirle gracias al Atlántico por dejarme bañar en sus aguas y dejarme ser feliz.

A mi esposa le han contado de una playa nudista y claro yo me he negado, por que seguramente años en una universidad católica en la lejana Perú debe haberme convertido en una especie de monje del Opus Dei y eso me causa risa, por que yo me considero una persona moderna y con bastante mente abierta.

A la hora del almuerzo nos vamos a un restaurant que nos recomendaron. Tiene una terraza enorme y las mesas tienen sombrías blancas para protegernos del sol. Yo pido una paella de mariscos que no sólo viene riquísima sino también enorme. El mozo es bello y es gay, es súper-conversador y hace su trabajo con el más mínimo detalle, nos chismea cosas del pueblo y nos habla de su vida. Es cubano, odia a Fidel: se fue invitado a Islandia y nunca más volvió a Cuba. Es más, no puede volver a Cuba a menos claro que cambie el sistema. Le digo -¿y por qué hablas como español, chico?- y contesta que tenía un novio en Barcelona y el verano que paso allá con él, le encanto el acento y se le pegó. Y es que en verdad suena más español que muchos españoles que yo conozco. Nos dice que es su último día de trabajo y que regresa al frío de Islandia.

El sol baja como una pelota de fuego y toca el mar azul, mi esposa dice que una vez que toca el mar desaparece en 30 segundos y es exacto como ella predice.
Antes de despedirnos hablamos sobre el poeta Reynaldo Arenas, al cubano le encanta la película que hicieron sobre la vida del poeta y claro a mí también.

El premio nobel Saramago vive en la isla. Su novela El Evangelio según Jesucristo (1991) lo catapulta a la fama pero a causa de una polémica en Portugal el gobierno veta su presentación al Premio Literario Europeo de ese año, alegando que “ofende a los católicos.” Como acto de protesta, Saramago abandona Portugal y se instala en la isla. En 1998 gana el premio Nobel de literatura, convirtiéndose en el primer escritor de lengua portuguesa en ganar este premio. Actualmente divide su residencia entre Lisboa y la isla española. En la mañana escucho hablar al maestro en la radio local sobre la bomba que estalló el 30 de diciembre pasado en el aeropuerto de Barajas, Madrid, así que tengo confirmado su residencia, después de mucho indagar doy con el pueblo en el que vive, manejamos a su encuentro, en el pueblo la gente nos apunta su residencia, el chalet es grande y mi esposa me dice que me espera en el carro.

Bajo y mientras camino a su puerta pienso todas las cosas que le contaré y bueno las muchas más cosas que le preguntaré, toco la puerta y sale una mujer a quien con toda educación la abordo y le pregunto por el maestro.
-José ha salido con unos amigos- me dice con voz amical. Me despido y regresamos rumbo a la villa. En la carretera a la luz de la luna pienso -mañana no me pierdo la playa nudista, así tenga que lidiar con todo el ceviche que me comí de chiquito.

Después de dos días estoy en el avión con destino a Londres, pienso en lo linda de las vacaciones y en la historia del cubano que decidió Islandia en lugar de una isla en el Caribe o en España, y es que simplemente uno también se aburre, incluso del paraíso.

Saturday, December 16, 2006


Un Té en la Ciudad

Estuve esperando a un amigo peruano en un Starbucks, el lugar se encontraba abarrotado de gente y afuera el tráfico estaba imposible. Mientras yo comía un muffin y tomaba un té inglés “with a touch of milk” se me acercó una señora y me pidió permiso para sentarse en mi mesa. Sólo por educación la acepté. Ella era alta y rubia, las arrugas de su rostro mostraban una mujer que había reído mucho y su estómago publicitaba su buen comer.

Eso suele pasar mucho en Londres: que dos desconocidos se encuentran por la circunstancia, la casualidad, el destino o como quieran llamarlo. Después cada uno hace lo que debe de hacer y en este caso cada uno toma su té y come su muffin, y desaparece. Eso es normal por lo impersonal de la ciudad, pero esta vez ella rompió el hielo.

Me preguntó si era de Argentina, yo moví la cabeza negativamente, ella siguió:
- ¿México? ¿Pakistán? ¿España?
- Si sigues disparando nombres de países así, seguro que darás con el mío- respondí. Y empezó la conversación. Le conté mi procedencia y una que otra vaga referencia. Ella tomaba su café sin azúcar mientras que los lentes se le caían a la mitad de la nariz. La hacían verse graciosísima, unos surcos marcados aparecían del borde de sus ojos. Hablaba un inglés perfecto no sólo gramatical sino también fonético, muy parecido a los narradores de noticias de la BBC. Trabajaba de catedrática en la universidad de Oxford, lo supe porque comenzó así a contarme su historia.
- If you teach at Oxford… Y siguió relatando entretelones de la vida universitaria. Desde el 2000 la habían destacado a jefa de entrevistas - me decía - que era muy fácil pasar el examen de conocimiento por que mucha gente se había gastado los últimos cinco años de su vida preparándose para rendirlo y habían memorizado casi todo: fechas, batallas, pintores, formulas matemáticas y físicas, etc. Así que en las entrevistas tienen un programa de “unfair questions” (preguntas injustas) sólo para asegurarse que el candidato falle y para que el candidato a un puesto en Oxford conteste la pregunta de una manera más independiente, en otras palabras que razone y que no repita. Hacen esto además porque existen más postulantes que vacantes y no todo el mundo pueda tener éxito, obviamente. Cuando le dije que me diera algunos ejemplos de las preguntas que ella había creado, me dijo: - ¿Qué porcentaje de agua del mundo contiene una vaca? (en veterinaria) ¿Por qué no se puede prender un encendedor en una nave espacial? (en fisica) “Are you cool?” ¿eres bacan? (en filosofía).

Mientras hablábamos, una chica como de veinticinco años pasó por nuestra ventana. Era delgada, alta, llevaba unas botas marrones casi hasta la rodilla y un pantalón “lycra” color blanco. Cualquiera hubiese jurado que venía importada de Newmarket o se acababa de bajar de un pura sangre de carrera. Además, atado al cuello tenía un perro color negro, de una raza que nunca antes he visto, pero con muchas facciones del “doberman.” Cuando la chica entró y se acercó a nuestra mesa, la catedrática me la presentó como su hija. - Un gusto conocerte, Clare – respondí.

Ella le hizo una broma pesada a su madre, con referencia a mí pero la señora salió con una respuesta inteligentísima y graciosa. Clare le entregó un sobre de manila y la besó en la frente y luego se despidió de ambos con una sonrisa limpia. Mientras se iba, la miré de reojo y esta vez me pareció más a una modelo que una jinete de caballo.

La madre de Clare, en voz baja, me dijo - acaba de salir de rehabilitación por culpa de las drogas”
- Ojala no recaiga - fue lo único que atiné a decir. Después me propuso hacerme diez preguntas como si yo fuese un candidato a la universidad.
- Adelante- le dije.
De las diez preguntas respondí nueve aprobadas, según la señora.
La que no pude responder bien es: ¿Qué usaban los romanos debajo de sus Togas?

Los peruanos no cambian, ni siquiera en Londres, mi amigo llamó a mi celular para contarme una excusa de por qué no llegaba, me despedí de la mamá de Clare pensando a quien le importa qué usaban debajo de sus falditas los romanos, eran el imperio más poderoso en la tierra, eso es lo que realmente importa pero si hay alguien de los lectores que nos puede dar el nombre del equivalente de un boxer Calvin Klein en el imperio romano, su respuesta será bienvenida.
Pagué mi té y me sumergí en la ciudad.

Saturday, December 02, 2006


"Madeinusa"

Hace dos días tuve la oportunidad de ver la película peruana “Madeinusa” en el quinto Discovering Latin America Film Festival en Londres.

Claudia Llosa, la directora y escritora, cuenta la historia de Madeinusa (Magali Solar), una niña de 14 años que vive en un pequeño pueblo de la serranía de Ancash, hija de Don Cayo, alcalde del pueblo. Madeinusa es brillante y atractiva y esto le causará más de un problema. Al acercarse la celebración del viernes santo, Salvador (Carlos de la Torre), un joven geólogo llegado de Lima se verá envuelto en las celebraciones de este extraño pueblo que deja de lado su intensa religiosidad durante los días del “tiempo santo” para dar rienda suelta a sus deseos, donde todo está permitido, pues aceptan que Dios ha muerto y no existe el pecado. Es interesante el punto de la escritora, imaginen uds. días sin pecados, ¿Qué sería lo primero que harían?

El final es simplemente espectacular como un cuento escrito por Juan Rulfo, cabe recalcar que el guión ganó el premio Coral al mejor guión-original en La Habana, Cuba.

Al terminar la proyección aparece Carlos de la Torre, tiene un marcado acento americano
y una barba como el actor de karate Chuck Norris. Nos cuenta que estudia actuación desde hace un año en Londres. Las personas quieren saber si es peruano, él responde que su madre es peruana, en el público hay una joven del Cusco quien se encuentra indignada por la manera como esta retratado el pueblito andino, siente que hay una pizca de racismo en el script y que engañan a la audiencia falseando la realidad. Ella es pequeña, cobriza y de rostro andino. La escena me hace recordar las divisiones de clase, raza, idioma y cultura en mi país y me entristece un poco.

Si bien es cierto que algunos personajes andinos de la película están algo “caricaturizados,” no se trata de un documental si no más bien de una historia, y a mi entender la licencia es amplia en materia de ficción.

Carlos nos dice que hubiese preferido que esté Claudia Llosa, que ella seguramente es mejor contestando preguntas que él, pero Carlos no lo ha hecho muy mal. Agarra el micrófono como si fuese un cantante de rock metal y no un actor de film independiente: esa pose me hace pensar que en Perú probablemente pertenece a Miraflores. Nos dice también que a la actriz que interpreta a Madeinusa la encontró Claudia Llosa vendiendo velas en la puerta de una iglesia en la ciudad de Ayacucho.

A mi me ha divertido bastante, estuve pegado a la trama de principio a fin y espero ver más de esta joven promesa que se llama Claudia Llosa.